jueves, 11 de diciembre de 2008

"Tenemos que crear una red de energías renovables"


ENTREVISTA JEREMY RIFKIN

MIE 26/11/08 21:05 | Compartir la electricidad generada de forma sostenible en los edificios como una forma de evitar el calentamiento global. - Por Francisco de Zárate | fdezarate@clarin.com

OPTIMISTA. Con el sistema propuesto por Rifkin, cada vez que alguien produzca más energía de la que necesita, la podrá compartir.

"Según el último informe de las Naciones Unidas sobre cambio climático, la temperatura del mundo podría subir tres grados, y ese es un escenario medio: podría ser más. Equivale a regresar a la Tierra de hace tres millones de años y a perder entre el 30 y el 70% de las formas de vida. Un punto de no retorno al que llegaremos si antes de 9 años no trazamos un plan mundial y lo seguimos sin cometer ni un solo error".

El economista estadounidense y autor del best seller La economía del hidrógeno, Jeremy Rifkin, habla sin pausas ni repeticiones. En la primera mitad de la entrevista telefónica que concedió a iEco no hubo espacio para preguntas, como si a él también le faltara tiempo para enviar un mensaje tan apocalíptico –presenciamos el ocaso de una revolución industrial cimentada en los combustibles fósiles– como esperanzador: tenemos que dar paso a una red de energías renovables que imite el funcionamiento de Internet.

La novedad de su planteo no reside en las fuentes renovables, hace tiempo descubiertas, sino en la posibilidad de crear una trama de productores-consumidores en la que cada edificio, fábrica o casa se convierta en un generador descentralizado de energía. "Durante 25 años, los gobiernos me dijeron: 'Nos encantan las renovables, son seguras y sostenibles, pero nunca van a alimentar a toda una economía porque les falta la potencia del carbón, del petróleo, del gas o del uranio'. Hasta hace poco, no podíamos contestar ese cuestionamiento pero hoy tenemos la respuesta y se llama tecnologías de la comunicación".

Igual que en Internet la conexión de millones de PC creó una red con mucha más capacidad que la mayor computadora imaginable, Rifkin cree que la integración en una red eléctrica de la energía generada por millones de edificios con sus propios molinos de viento, placas solares y mecanismos para aprovechar el calor de la tierra y la biomasa de los residuos, sería capaz de una potencia jamás alcanzable si nos limitásemos a repetir con las energías renovables el modelo de central eléctrica que funcionó para los combustibles fósiles. "Con este sistema, cada vez que alguien produzca más energía de la que necesita, la podrá compartir. Cualquier chico de Argentina que creció con Linux, YouTube o Wikipedia entiende de qué estoy hablando."

–¿Ya hay edificios con esas características en pie?
–Sí. En Europa ya se construyeron los primeros. En la región española de Aragón opera una fábrica de General Motors con una producción anual de 500 mil autos.
Recién este mes anunciaron la instalación de un panel solar que costó 78 millones de dólares y que genera suficiente electricidad para casi toda la fábrica y 4.600 hogares. En nueve o diez años planean recuperar la inversión. A partir de ahí, electricidad gratis.

–¿Y por qué no todas las empresas hacen lo mismo?
–Van a hacerlo pero todavía no lo conocen. Por eso estamos promoviendo un plan a largo plazo dentro de la Unión Europea. En enero lo llevamos a los Estados Unidos y, ojalá, a América Latina y al resto del mundo. Tenemos que pensar en una revolución de la construcción. En 2050, todas las construcciones, nuevas y viejas, deberán aprovechar la energía que se genera alrededor de ellas, almacenarla en forma de hidrógeno –como el formato digital almacena la información en Internet– y compartir los excedentes mediante las nuevas redes inteligentes de energía.

–Las pilas de combustible que necesita el hidrógeno aún son caras, ¿cómo lo compensarán?
–El problema es la economía de escala, por eso hablamos de la adopción temprana por parte de los gobiernos y de sus servicios asociados, como por ejemplo el correo. Los tejados de los edificios gubernamentales, las flotas de automóviles... Todo podría funcionar con pilas de combustible. Así bajarían los precios.

–Además de adopción temprana, ¿su modelo necesita dinero público?
–Sí, sí hace falta mucha liquidez. Doy un ejemplo. En dos años, todas las grandes automotrices están saliendo con autos eléctricos. Dos años más tarde, piensan sacar los primeros vehículos con pilas de combustible. Para eso, tienen que aliarse con las generadoras de electricidad. Daimler Chrysler ya creó una alianza con la de Alemania, RWE, para instalar millones de centros de carga por todo el país. Eso va a costar mucho: inversiones privadas pero también dinero público.

–¿Y eso es alcanzable?
–Ahora mismo estamos gastando mucho para rescatar el modelo económico de la segunda revolución industrial, que está en terapia intensiva y en su ocaso. Si sumamos los salvatajes de Europa, EE.UU., China y el resto del mundo, ya llegamos al billón de dólares. No podemos seguir tirando nuestras reservas para detener la sangría porque no nos van a quedar recursos para diseñar la infraestructura de la tercera revolución industrial, que es donde el nuevo régimen energético y los puestos de trabajo van a estar. Hay que gastar lo justo para que no colapse pero sin dejar de invertir en lo nuevo.

–Aunque muchos lo vieran venir, hubo que esperar al colapso derivado de las subprime para que llegaran los rescates, ¿por qué esta vez los gobiernos sabrían adelantarse?
–Es verdad que eso fue asi, pero si usamos esa lógica esta vez, estamos condenados. Lo que está ocurriendo hoy es mucho más grave que lo que sucedió durante la Gran Depresión, que no terminó con un modelo energético porque recién empezaba la electrificación y el petróleo. El actual es un colapso financiero y del régimen energético, algo mucho más serio. Obama habla sobre el tema pero además hace falta redactar un plan como el que ya hicimos en la UE y conseguir que sea escuchado. Porque si esta no es la solución, ¿cuál es? No me parece que haya un plan B. Esta vez necesitamos un liderazgo fuerte que piense de forma diferente. Si no hacemos nada cuando podemos, tal vez después sea demasiado tarde.

–¿Barack Obama podría proporcionar ese liderazgo?
–Soy ligeramente optimista al respecto. Me gustaría ver una alianza entre la primera economía del mundo, que por PBI y exportaciones es la UE, y la nueva administración en Washington. Que Europa les diga a Obama y al Congreso: 'Hagamos una alianza transatlántica y pongamos a los CEO y a la sociedad civil a trabajar con los gobiernos para llegar a la tercera revolución industrial; invitemos a China, India y Brasil. Hagamos un plan para todas las Américas".

–¿Cuentan con encontrar resistencias en India y China?
–Lo que yo le digo a los funcionarios de la Comisión Europea es que no podemos llegar con un plan de castigos sino con un programa que signifique ganancias para todos. Y preguntarle a China y a la India, ¿dónde les gustaría estar en los próximos 20 años? ¿Con las energías de la segunda revolución industrial y llevarnos a todos a la muerte? ¿O con las nuevas?. Creo que la respuesta está clara. Tenemos que convertir la crisis financiera, climática y energética en una oportunidad, pero si pensamos con mentes estrechas, no vamos a lograrlo.

–¿Cuál podría ser el papel de la Argentina?
–Tradicionalmente, Argentina desempeñó un papel de liderazgo en Sudamérica. Ahora podría ayudar en el desarrollo regional de este modelo.

–¿Pensó en el impacto cultural que podría tener la autonomía energética que promulga?
–Sí: es enorme. Es darle el poder a las personas. Permitiría una extensión del capitalismo ya que todo el mundo se convertiría en jugador en el mercado energético. Haría falta también un modelo social que lo equilibre para regular la forma de compartir la energía en redes, como se comparte hoy la información. Desde la revolución francesa, vivimos un progreso hacia la democracia pero el problema siempre fue que los regímenes energéticos hasta ahora eran de elite.
Por eso nunca pudimos tener una plena participación individual. Un modelo en el que la gente produzca su propia energía permitiría una auténtica democracia económica y, por lo tanto, política. Podríamos formar parte de la globalización sin depender del petróleo de Medio Oriente ni del ejército de los EE.UU.. Para lugares como Sudamérica, las oportunidades de cambiar la geopolítica son enormes: las fuentes de energía renovable en la región son inmensas. No hay más que mirar el viento de las Pampas o el sol que hay por todo el país.

–¿Las reducciones coyunturales en el precio del petróleo pueden retrasar la llegada de energías alternativas?
–La comunidad de negocios y los gobiernos tienen que darse cuenta de que llegamos a lo que yo llamo el nivel de globalización máximo. Ahora el precio del barril bajó porque nada se mueve: como el motor se detuvo, no necesita combustible. Pero si salimos del parate y el motor vuelve a andar, la inflación lo detendrá en cuanto el barril vuelva a llegar a los US$ 147.

Información relacionada
Las comunicaciones de la tercera revolución industrial
Documentos:
Liderar el camino hacia la Tercera Revolución Industrial y la visión social del mundo en el Siglo XXI, por Jeremy Rifkin

Agua caliente, del cielo a la canilla.

5 de Noviembre, 2008

Instituto Nacional de Tecnología Industrial
e-renova, Boletín electrónico

Menos complicada y más barata que la energía fotovoltaica, la energía solar térmica es el eje del proyecto del INTI para viviendas populares puedan tener agua caliente en forma sustentable. Detalles de la marcha de la iniciativa.
En ofrecer más confort a la gente que habita villas de emergencia o barrios populares -los mismos que algunos políticos suelen considerar como un “caso perdido” de urbanismo- está centrado el proyecto en energía solar térmica del INTI.
La movida arrancó en 2007 con una concienzuda evaluación: “En ese momento nos reunimos con unas 40 personas que tenían alguna historia en energía solar, de casi todo el país, –detalla ante E-Renova el doctor Iván Chambouleyron, coordinador de esa tecnología dentro del área de Energías Renovables del Instituto- y se concluyó que la aplicación inmediata es un proyecto de calentadores solares de agua (1), para fines domésticos y comunitarios”.
La idea del INTI, explica el especialista, también profesor en la Universidad de Campinas (Brasil) es arrancar participando -en cuanto estén listos- “con un proyecto no muy grande, de 50 o 100 casas, para que no haya ninguna chance de fracasar”. Para eso, su equipo (contacto) viene armando una agenda conjunta con las municipalidades de Rosario, Paraná, algunas del Conurbano de Buenos Aires, Luján, Neuquén, La Pampa y Mendoza, entre otras ciudades argentinas. El objetivo de mediano plazo, destaca Chambouleyron, es instalar lo que también se conoce como “calefones solares” en miles de viviendas populares. “La solar térmica es una energía en la cual hay experiencia en la Argentina –asegura- y no implica un gran esfuerzo tecnológico, aunque sí de organización y de certificación de calidad de los equipos”.
La cuestión de fondo, dice el coordinador de energía solar del INTI, es que la gente de las zonas más carentes “compra gas envasado, que es mucho más caro que el de red, y por eso mucha tiene que elegir entre bañarse o cocinar. Esto tiene consecuencias importantes sobre todo para la salud infantil, porque ninguna madre va a querer bañar a sus hijos pequeños con agua helada”.
Opción viable
A lo largo de las últimas décadas en la Argentina ha habido varios fabricantes de colectores solares, “con diferente suerte, porque algunos se han fundido”, rememora Chambouleyron. “Es que es una industria que compite esencialmente con el gas, y éste fluido ahora está barato y eso desalienta las instalaciones solares”. Claro que, al mismo tiempo, hay muchas regiones del país –algunas no están muy lejos de la Capital Federal- donde el gas de red no llega, y “la gente de pocos recursos está obligada a comprar garrafas, o usar carbón”, puntualiza.
El doctor Chambouleyron también cuenta que en el Interior “la respuesta general al tema de los calefones solar es que el dinero no es el problema, porque existiría sobre todo de parte del FONAVI y los planes provinciales de vivienda”. Y da algunos detalles: “Cada colectar cuesta una ínfima fracción del valor de una casa popular, y tienen una vida útil de hasta 15 o 20 años”.
Conexión con la sociedad
En el área dedicada a la energía solar del INTI también se busca motorizar la legislación que favorezca sus uso (2), aún poco desarrollada en la Argentina, y que los primeros sistemas instalados se utilicen como promoción: “Pensamos montar videos mostrando la experiencia del uso de calentadores solares para mostrar en colegios y escuelas –agrega Chambouleyron-; queremos que empiece a entrar en la cabeza de la gente que hay energías más racionales, que no contaminan y mucho más baratas”.
El plan del área también incluye otro punto muy importante: que el propio INTI monte un laboratorio de certificación de calidad de colectores solares para analizar todos los modelos y marcas que se venden en el país, sean de fabricación local o importados. “Esto es para que el comprador tenga la garantía de que está adquiriendo un sistema que va a durar –explica el coordinador del área- y que va a tener un rendimiento que justifique la instalación”.
Para cerrar la charla, el doctor Chambouleyron resume la idea central del INTI en cuanto a energía solar: “No se trata de ‘reinventar la rueda’ –asegura-, porque no vamos a producir ni financiar proyectos, pero sí tratar de conectar a la sociedad civil con los fabricantes y con el Estado, para ver de cómo se consigue utilizar la energía solar en aplicaciones que son aprovechadas en muchos países”. El objetivo está puesto, y en esa línea siguen trabajando.
INTI e-renova.


(1) Existen en el mercado varios modelos, pero básicamente un calefón solar es un “cuadro” metálico hermético cubierto por un vidrio, que en su interior tiene una placa absorbente y un circuito de tubos que pueden ser de distintos materiales. Por acción del sol, el agua que circula por los tubos se calienta hasta 40 o 50º y se almacena en un tanque, desde donde se la toma para higiene personal, lavar ropa o cocinar. Lo bueno es que estos sistemas se pueden utilizar no solamente donde hay mucho sol, ya que para las zonas más frías existen modelos que ofrecen “menor pérdida de calor, para que sea mejor el aprovechamiento”, detalla el doctor Chambouleyron. “Esto ha sido muy estudiado en todo el mundo –agrega-; en Alaska se utiliza energía solar térmica, por lo que en Tierra del Fuego, por ejemplo, también se puede usar”. Estos sistemas son económicos porque no necesitan un calefón a gas como “backup”, ya ellos mismos almacenan 100 litros de agua caliente en su tanque, y “si vienen dos o tres días con poca radiación, según las condiciones climáticas de cada lugar, –explica- se calienta menos, pero siempre el agua está más caliente que la de la canilla, hay una diferencia apreciable”. El especialista dice que este mejor aprovechamiento para lugares con menos temperatura consiste en hacer que la captación sea más eficiente que una simple chapa de acero pintada; para eso, ya existen en el mercado sistemas con superficies selectivas y otras mejoras que aumentan el rendimiento.)


(2) El ingeniero Iván Chambouleyron, coordinador de energía solar del Área Tecnológica Estratégica Energías Renovables del INTI incluye en la tarea que están llevando a cabo el apoyo a una legislación que favorezca el uso de la energía solar, “para hacerla obligatoria en construcciones nuevas, sea de centros comunitarios, escuelas o barrios de viviendas”. Asegura que –por suerte- “no hay nada que inventar, porque existe legislación proactiva y muy bien estructurada en países como España y Brasil, que ofrece beneficios fiscales e impositivos de todo tipo”. Chambouleyron pone como ejemplo que en la metrópolis brasileña de San Pablo hace pocos meses se promulgó una ley municipal por la que “no se puede construir nada nuevo que no tenga energía solar para calentar agua”. “El campeón de esta tecnología es China –agrega-, donde ya hay instalados más de 80 millones de metros cuadrados de calentadores solares, pero también países como Australia o Israel, donde nadie puede hacer una casa sin ellos”.