10 de mayo de 2010
El parque eólico suministrará aproximadamente el 11 por ciento de la base neozelandesa de Scott y la base estadounidense de McMurdo, lo que permitirá reducir el consumo de diésel en alrededor de 463.000 litros por año. Podría ser el primero de una serie de proyectos de energías renovables destinadas a reducir la dependencia del continente helado de los combustibles fósiles. La construcción de tres aerogeneradores del parque de la isla Ross fue un gran desafío en un ambiente donde la temperatura puede bajar hasta -57ºCelsius.
Si el parque eólico resulta un éxito, podría ser seguido por otros; también se evalúa la generación de energía solar, dijo Scott Bennett, gerente de proyectos de Meridian Energy, la compañía estatal eléctrica de Nueva Zelanda que construyó y administra las turbinas. Esta fase de prueba se extenderá por un año.
Según se plantea, hay alrededor de las bases mencionadas lugares potencialmente aptos para instalar sistemas que provean sus necesidades hasta el 50 por ciento.
Una de las particularidades de todo el emprendimiento es el tema logístico, ya que el suministro de materiales y equipos sólo puede hacerse una vez al año, por lo que la planificación debe ser meticulosa. “Todo tenía que estar bien planeado hasta el última tuerca y el último perno", dijo Bennett.
La construcción de las turbinas de 37 metros de altura llevó dos años, en parte porque la ventana climática apta es sólo entre noviembre y febrero. Los 7,4 millones de dólares (5,8 millones de euros) que ha costado el proyecto han sido provistos fundamentalmente por el gobierno de Nueva Zelanda.
La isla de Ross no es el primer parque eólico en ser construido en la Antártida; ya existen en funcionamiento dos aerogeneradores en la estación australiana de Mawson, y en la base argentina Esperanza, existe un aerogenerador que forma parte de un sistema de elaboración de hidrógeno.
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